Contraataque

May 8th, 2010 — 4:34pm

Joer, si es que te lo dije, si yo no quería venir. Pero tú que no, que al pueblo no vamos, que aquello es un cigarral, que a la playita, joer, con la de años que llevamos yendo, por lo menos diez, desde aquél año que el hijoputa del árbitro nos eliminó del mundial de Corea. Diez, por lo menos. O doce. Y tú qué sí, que el niño disfruta mucho en el chalecito, con la piscina, con los otros niños. Cojones, pero si el niño tiene ya catorce tacos y no piensa más que en las tías y en las motos y sepa Dios en qué más. Pos ná, a alquilar el chalecito, a la urbanizacioncita, con la piscinita en el centro, los vecinitos vocingleros, al lado de la playita. Y tú que nos llevamos a mi madre, que me dá mucha compaña. No te va a dar compaña, si es que no metéis la lengua en paladar, cojone.
Y ná más llegar al chalé, la primera en la frente. El jardincito. El jardincito de los cojones me llegaba a mí a los sobacos, y por pocas si no tenemos que volvernos porque no encontrábamos la puerta. Bueno, y antes, por pocas si lo reconocemos, porque tós los chalés de la fila tenía el cartelito de “Se Vende o Alquila”, bueno, tós menos uno o dos salteaos. Menos vecinos vocingleros, pensé, pero, joer, tampoco podría gorronearles tabaco. Bueno, a la yerba, entonces, que ná, que mal que bien entramos al chalé, a lo Indiana Jones. Y qué peste. Golía como, ¿tú sabes cuando un chiquillo tiene diarrea, y además setolvida, y le dejas la mierda pegá al culo tres o cuatro horas, bueno, y luego se tolvida sacar la basura también tres o cuatro días? Bueno, pues así. Pero no era de pañal pasao, sino de unos cabrones de gatos que habían cogío pa ellos el piso de arriba, y ná más llegar nosotros salieron pitando por una ventana que el dueño, o quien fuera, se había dejado abierta, no, pero las mierdas nos la dejaron a nosotros. Y claro, a las mierdas acuden las moscas, y las hormigas, y las curianas, y con tó eso tuvimos que salir follaos pal supermercao del pueblo a comprar flís, pero cojones, estaba cerrao, con el cartelito de “Se Vende”, así que tuvimos que andar unos cuantos kilómetros pa el flís. Ya que estaba puesto, compré tabaco, y cervezas, y quicos, y tó eso que ya no iba a conseguir de los vecinos ni de coña, por la ausencia antes mencionada. Que hay que prestar atención, cojone.
Con el chalé medio decente, que mi mujer es muy limpia, y siguiendo órdenes de la abuela se las apañan solitas, comimos un par de bocatas, y hala, a la playa, a ver si podíamos echar una siesta sin la peste a gato. A la agüela la dejamos aireando, y oreándose también ella, que estaba como húmeda. Y yo que pa qué vamos a ir a la playa, con la piscinica tan apañá que tenemos, y vamos, que está siempre abarrotá, y tú que sí, que el aire del mar es mu güeno, y yo que pensaba pa mis adentros que vale, mientras haya tías en bolas. Pero no había tías en bolas. Ni casi gente. Ni playa. Tres palmos de playa, pegaicos al paseo marítimo, que si plantabas la sombrilla, con piedras, claro, en el paseo marítimo, la sombra te daba directamente a la orilla del mar. Y tú, que será que está la marea alta, y yo, que no entiendo mucho de mareas, pero que me parecía que subía por la noche. Pero bueno, ya que estábamos, montamos el chiringuito como pudimos, nos tumbamos allí y metimos las pantorrillas en el agua, el chavea nadó un poco, yo me puse el pañuelo de cuatro picos en la cabeza, que el sol me levanta la piel de la calva, y me dí un garbeo, a ver qué cataba, pero había poco que catar, y además, con la poca playa que había, tenía que pasar por encima los lomos de la concurrencia, que quedaba hasta feo, y me acerqué al chiringuito a ver si compraba unas coscascolas pa la familia, pero no había chiringuito; aparte de que ya ni cabía; habían intentado contener el mar con unos sacos terreros, pero se vé que en una de esas los sacos terreros habían cedido y aquello tenía que haber sido una mezcla entre el Titanic y Cañas y Barro, en fin, que habrían tenido que ir a por los botellines a Fernando Pó, por lo menos.
Con la fresca, volvimos al chalé, a ver si se organizaba la cena, y me planté en el porche de atrás, o patinillo, que la abuela ya había valdeao y oreao y desempestao, o como se diga quitar la peste, y la verdá, con una cervecita fresquita en la mano, con mi chaval, que ya se puede hablar de fútbol y de tías y de tó con él, pues se estaba agusto.
Agusto, un ratillo. Ná mas decir el sol de irse, picotazo en el brazo. Y mi hijo, dándose de hostias en las piernas, en la cara, y en el cogote. Y tú, que sales porque pensabas que nos estábamos hostiando, y ná más salir, te empiezan a picar también; cojones, que nos tuvimos que entrar, nosotros mismos más diez o doce ronchas cada uno, que picaban como demonios. Así que ná, a ver la tele, que la pusimos a ver si decían el tiempo y pa ver qué pasaba con el fútbol, a ver si el Madrí fichaba al japonés ese que metía tantos goles, a ver si Raúl se retiraba de una vez o se iba a jugar a la Cultural Leonesa, pero ná, no había ná más que tíos pesaos hablando que si el protocolo de quioto o no sé donde, que si los efectos invernaderos, o el niño, o los calentones globales, pero qué calentones iba a pillar, si ya no había tías en la playa, cojones, pero bueno, al tiempo, que es lo que nos interesaba, pero ná, tó el mapa lleno de solecitos, así que, tó tranquilos, con un par de cervecillas más en el cuerpo, a la camica, a dormir y a lo que surgiera.
Y me despierto con un cosquilleo por las manos y me rasco, y se me cae como polvillo, y tú, que estate quieto, cojones, que no me dejas dormir, y yo que es que se ma dormío la mano, que me hormiguea, y que me miro, que ya amanecía, y cojones, que era verdad, que hormigueaba pero con sopotocientas hormigas, que nos habían invadío la cama, y que pegamos un respingo y salimos a por el flís, pero a esto que oimos a la agüela gritar en la planta de abajo, y cojones, que estaba cubierta, y a mí me dio pena, porque es que la tengo de aprecio, joer, que las abuelas está bien que se mueran de un mal golpe en la cadera, porque así lo quiere Dios, pero no comías por las hormigas, cubiertica que estaba, bueno, tampoco se murió, joer, tú es que eres muy desagerá, bueno, un deo sí se le comieron, porque se ve que tenía un padrastro, y empezaron por ahí, y como se había tomao las pastillas de dormir, pues no se había dao cuenta, y tuvimos que meterla en la bañera pa quitarle tós los bichos, y los hijoputas, ahogaos y tó todavía se le agarraban a tós laos, que ya puestos, podían haberle comío los callos, que la joía los tenía que parecían almohadillas de los toros, y tú cachondeos los estrictos, que está muy malita, y que me callara y condujera, pero es que, joer, no se podía casi, no hacían más que cruzarse conejos y liebres y perros y pájaros por la carretera, que por pocas si nos comemos un pájaro. Allí en la UVI la tuvimos que dejar a la agüela, a ver si estos de la seguridá social le aplicaban lo de los genomas o algo de eso para hacerle un deo nuevo, que a la seguridá social la critican mucho, pero ahí está, cojones, que es lo que yo digo.
Y a la vuelta, mi chiquillo ya se había encargado de las hormigas, echando flís en tós los agujeros de los que salían, pero se había quedado la casa sembrá de motillas, así que a barrer, que hasta tuve que ayudarla a mi mujer. Al acabar, nos hubiéramos echao un sueño, pero estábamos acojonaos, así que nos echamos unos cafelitos, oyendo a los pajaritos cantar, y los pajarracos, y mochuelos o lo que fuera, que sonaban tó tipo de píos, grazníos, kikirikís, maullíos, que daba hasta susto, si te parabas a pensar un poco. Y tú, pues el año que viene vamos de safari, y yo, que al paso que íbamos, íbamos de safari este mismo año.
Y así, hicimos hora pa ir a visitar a la agüela jugando a las cartas, y rascándonos las ronchas, y tú que no os rasquéis, que es peor, y yo que por algo se dice aquello de me gustas más que rascarme un grano, y tú qué verás como se te encone, y con esas que llegó la hora de la visita, y fuimos, y la abuela estaba con un torrijón encima que no se aclaraba, así que nos volvimos pronto, y no hubo muchos bichos a la vuelta, se vé que se habían rehuciao porque había unos nubarrones negros que parecía que iban a reventar de un momento a otro, que tós los años igual, cojones, ves el mapica del tiempo, y tó sol para no espantar a los turistas, y luego te cae un tormentón que te cagas por las patas abajo, y que empezó a caer ná más llegar al chalé, unas gotas gordas como mi pulgar, que no tesagero, así de gordas, y tú que voy a meter la ropa, que no se moje, y yo que te lo dije, que en el pueblo no llueve desde que el Madrí se llevó la última copadeuropa, joer, tanta playica pa que luego nos llueva. Pero es que llovía. Cojones, si llovía. Que tuvimos que empezar a meter camisetas debajo de las puertas para que no se colara el agua. Y que no paraba, que ya llegaba al guardabarros del coche, y que seguía. Nos tuvimos que subir a la azotea, y desde allí vimos, aunque no muy claro, porque había una manta de agua, tó, lo que se dice tó, cubierto de agua, que no se sabía dónde acababa el mar y dónde empezaba el pueblo, y que del paseo marítimo no se veían más que las farolas.
Allí en la azotea tuvimos que esperar a que nos sacara el helicótero, y tú que guay, nos van a sacar en la tele y tó, que hasta le dijiste al chaval que se peinara, a ver si lo cogían pa algún concurso, pero no de esos que había que decir los trapos sucios de la familia.
Y yo, que la próxima vez que dijeras de ir a la playa, iba a ir tu santa madre. Que en paz descanse.

1 comment » | Guasa

Nubes

February 15th, 2010 — 6:43pm

Todos los cielos tienen nubes. La ruta 66, entre Arizona y Nuevo México, tiene NUBES en mayúscula y cursiva. Los indios usaban nubes de humo para comunicarse, y esas nubes han trascendido a sí mismas, para solidificarse y convertirse en algo más. Cuando vayas a Nuevo México y veas una nube, mírala bien y leerás “Pluma Negra, hoy voy a llegar tarde a casa, que se me ha complicado el búfalo”.

Este es el primer cuento de Pequeños Golpes Y Mayores Fallos, publicado el 2 de mayo de 2002 en la bitácora que tenía en Barrapunto. Así empieza la antología de relatos. Pero oye, si no te gusta, lo quitamos y ponemos otro

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